DEMASIADAS CUERDAS PARA UN VIOLÍN

un padre no puede dejar de ser padre por un traslado burocrático de domicilio

               Así se titulaba la película. Italiana, claro. Y creo recordar que con Hugo Tognazzi de protagonista. Estaba casado y tenía tres hijos. Y mantenía a dos queridas o amantes, que así se les llamaba en aquellos tiempos. Con la primera, una hija. Con la segunda, la parejita. En total, tres mujeres y seis hijos. El 24 de diciembre era un día brutal. Cenaba en las tres casas, regalaba en las tres casas y bebía en las tres casas. Pero jamás abandonó a las madres de sus hijos.

              Yo tuve un cercano pariente de muy similares características, si bien la descendencia natural que se le atribuyó superaba la veintena de hijos, además de los legítimos –así se les decía-, que eran ocho. Y como el personaje de “Demasiadas cuerdas para un violín”, nunca abandonó a sus queridas y amantes, –insisto que así eran denominadas-, y como era muy rico, a todas les compró un piso en el barrio de Salamanca, no lejos de su hogar matrimonial.  Una de sus amantes, que era masajista, le rogó que vendiera su piso de Madrid y le comprara un chalé en Torrelodones. Y mi tío.....

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2 Replies to “DEMASIADAS CUERDAS PARA UN VIOLÍN”

  1. alberto mallofré sánchez-pantoja dice:

    El título de la película es “MUCHAS cuerdas para un violín”.

    Y es UGO Tognazzi, sin “h”.

  2. Fernando José Fernández de Tejada Simoes dice:

    No hay color. Bueno si, el tan mal usado “rojo”, mal tintado, que destiñe a las primeras de cambio y no aguanta un apretón; uno que vaya mas allá del achuchón, origen de los frutitos, caprichos de un día, de estos vivales.
    Sin coleta, estos pájaros picaflores, la verdad, pierden mucho. Todo menos la vergüenza que jamás han tenido ni saben lo que es y, claro, no pueden perderla. Los papeles los pierden todos y eso que los “lastran” pero aún así, no hay nada que hacer, incluso lastrados se los lleva en viento, ese que según Zapatero es el dueño del Mundo. Quien será, será. En fin.
    Desde luego, no, no hay color.
    Donde va a parar, de Torrelodones a Galapagar.
    Que tío, tu tío. Que responsabilidad por parte de padre.
    Que pena de Balmoral.
    Madrid ya no es lo que fue y con estas cotorras invasoras va a costar recuperarlo.
    Un amigo mío a los conejos, de campo de verdad, les llama “los talibanes” y se dedica a abatir al enemigo cuando asoma las orejas.
    Hacen un magnifico arroz, las cotorras ni eso, y los tontos del cotorreo menos todavía, como ellas, son plaga.

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Alfonso Ussía

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