DEL DINERO

Si en España se tomaran en serio estos aumentos de las fortunas, dejarían en paz a los pobres multimillonarios que multiplican por dos su dinero y se ocuparían de los beneficiados por otras multiplicaciones.

            Se ha considerado noticia que los diez o veinte mayores millonarios del mundo han doblado su fortuna desde que los chinos nos mandaron el Covid-19. No tiene mérito alguno ni debe dar paso al escándalo. Esas fortunas de diez u once ceros, se pueden multiplicar por dos con toda facilidad y sin dar con un palo al agua.

Las rentas y los intereses bastan y sobran para ello. Y trabajando también se pueden doblar  y triplicar las cuentas corrientes. Cuando me hicieron la cama en La Razón, yo tenía en mi cuenta corriente 2.300 euros, y hoy, 18 de enero de 2022, dos años más tarde, tengo 8.700 euros. He logrado multiplicar mi fortuna casi por cuatro. Y lamento hablar de dinero, que es nota pésima, de muy mala educación. En las familias tradicionales de España no se habla jamás ni de dinero, ni de religión ni de sexo. Lo último se frecuenta, pero en silencio.

Tampoco se anuncia que se va al cuarto de baño o se retorna, y menos aún especificando la función a realizar o ya plenamente realizada. Cuando una persona ha sido intervenida quirúrgicamente, tiene mucha importancia la fluidez intestinal. Yacía el enfermo en la habitación del hospital, y el cirujano preguntó a las dos personas que se hallaban acompañándolo si el intervenido había cumplido con sus obligaciones fisiológicas. Ellas, elegantísimas, respondieron al unísono. –Number one –pipí-, sí, pero...

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2 Replies to “DEL DINERO”

  1. José Muguiro dice:

    Esta claro que la política es un negocio. De ahí, los abrazos entre Sánchez e Iglesias el día después de las elecciones. Les había tocado la lotería. Los políticos que no tocan sillón, no tocan la bolsa y por eso casi todos hacen bajezas con tal de tocarlos ambos. Y, el que esté libre de culpa que tire la primera piedra.

  2. Constantino Díaz Fernández dice:

    Nada anormal a la vista. Si acudimos al conocido refrán que reza: “dinero llama a dinero”, aunque, también es verdad que lleva incorporado una coletilla que, por razones de elemental decoro, no voy a revelar, la cosa queda perfectamente entendida. Dado que, como es conocido y aceptado, los dichos populares son apotegmas que condensan la sabiduría y experiencia de generaciones, razón por la cual, de forma general, se pueden considerar como axiomáticos, debemos concluir, que los incrementos patrimoniales duplo, e incluso triple, sobre el punto de partida, y referidos a cada ejercicio económico, son absolutamente normales. No podemos, por tanto, culpar a las grandes fortunas de ninguna maniobra ilegal sobre este hecho natural.
    En el caso de la política, teniendo en cuenta el sacrificio personal, con dedicación de 24 horas día, 365 días año (366 si es bisiesto), renunciando a su vida privada en favor de lo público, con el profundo nivel de estrés y deterioro de salud que tal situación conlleva, trabajando sin descanso por los demás, la compensación económica, por grande que fuera, siempre será escasa. Incrementos patrimoniales anuales en esta indeseable situación del sujeto pasivo, del orden 20 veces por año, acumulativo, no tendría que ser censurable.
    En el caso del abnegado capitán, de cuyo nombre, al más puro estilo cervantino, no quiere acordarse, arriesgando su vida en pro de la de otros semejantes de menor fortuna, que han tenido que arrojarse al mar para buscar un mejor “modus vivendi” en tierras extrañas, al igual que aquel triste emigrante de Juanito Valderrama, haciendo gala de un altruismo sin parangón, sublimando el concepto de filantropía, ¡cómo vamos a negarle su derecho a disfrutar, en sus ratos libres, de los placeres de esta vida, privándole de un razonable beneficio como el que usted apunta! ¡No seríamos justos!
    Después de todo lo expuesto, y razonado, lo que no me parece de recibo es que usted, señor Ussía, sin aportar razones que lo justifiquen, tenga la desfachatez de confesar que ha incrementado su cuenta corriente, en poco menos de dos años, en un escandaloso 400 %. ¡Intolerable! Algo que, por sí mismo, merecería se creara una comisión de investigación para depurar responsabilidades. Qué, haberlas, seguro que las hay.
    Dicho lo anterior, igual habrá que empezar a pensar que en el “affaire” de su salida de La Razón, sin razón, por capricho tintado de algo de “pelusilla” de Marhuenda, también haya contribuido su “excesivo cache”, inasumible para un periódico de su alcance, lo que, a su vez, quizás pudiera justificar su “descarado incremento patrimonial”.
    Perdón por si el comentario ha sido excesivamente extenso. No he podido evitarlo.
    Pax nobiscum.

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