NERUDA EN TRANCE

Neruda, como persona, un hijoputa. Como poeta, un genio.

              El poeta chileno y Premio Nobel de Literatura Pablo Neruda, comunista con ventaja y bastante degenerado, fue un poeta portentoso. Hay que saber distinguir entre la vida del ser humano que termina en despojos, y lo que queda de su obra. Picasso era un bicho, pero un genio. Las feministas de hoy terminarán pidiendo que los cuadros de Picasso – incluído el “Guernica” que pintó con anterioridad al bombardeo de Guernica y se tituló “Los Horrores de la Guerra”-,  desaparezcan de los museos. Hay genios perversos y genios completamente tontos. Mozart fue un inmaduro. Un pelmazo al que muy pocos invitarían a merendar. Pero cuando componía, rozaba los espacios inalcanzables de Dios.  Y Beethowen, un déspota colérico. Lope de Vega, un follador empedernido al que hoy triturarían las enfermas del sexo, y Felipe II un envidioso de su hermano natural, Don Juan de Austria, al que le negó su condición de Infante de España porque le sacaba medio metro de estatura y no tenía que ser Rey para hacer travesuras.

En fin, nosotros nos convertimos en polvo, pero la obra de los genios de la humanidad permanece. Y Neruda fue un gran poeta. Como lo fuera el miserable de....

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3 Replies to “NERUDA EN TRANCE”

  1. ROSANA NUÑEZ PARAMO dice:

    Confieso que me resulta difícil leer autores cuya personalidad me resulta repugnante, pero cierto es que ellos polvo son y sus obras permanecen.
    El mundo vive inmerso hoy día en una espiral de irracionalidad y estupidez, y en América, la latina y la del norte, van a la cabeza.

  2. alberto mallofré sánchez-pantoja dice:

    Vaya, para una vez que las feministas tienen una buena idea…

  3. Constantino Díaz Fernández dice:

    Ciertamente, sería deseable que el mundo estuviese preñado de buenas personas y los malvados fuesen excepción. ¡Cómo no! Si pudiésemos desterrar de la faz de la tierra la envidia, la vileza, la miseria, el egoísmo, la codicia… y así un montón de males que afectan, en mayor o menor grado, a la mayoría de los seres mortales, y los pudiésemos sustituir por sus antónimos: nobleza, bondad, generosidad, gratitud, desprendimiento… es seguro que viviríamos en un mundo mejor, pero no sería este mundo. Lo bueno y lo malo, en toda su extensión, tienen que formar parte del mundo real, al igual que lo claro y lo oscuro, o la noche y el día. La genialidad y la originalidad, cuando se sitúan al final de la escala, sólo son patrimonio de unos pocos, al igual que sus opuestos: la mediocridad y la vulgaridad tienen propiedad limitada. En el centro de esos extremos se encuentre el grueso de la tropa. Al final, como acertadamente sentencia el epigrama del cementerio de Llanes, todos desapareceremos de este mundo y, además, tal como sentencia la adaptación de un verso de las Geórgicas de Virgilio («tempus fugit»), muy rápido, razón por la cual lo que verdaderamente importa es nuestro legado. Sólo aquellos cuyas obras permanezcan serán recordados. A Nadie le importará la condición del autor, sino exclusivamente su obra. Cuando leemos a Neruda o Alberti nos deleitamos con su poesía, al igual que cuando escuchamos composiciones de Mozart o Beethoven nos embelesamos con su música. La condición estrictamente personal, la que manifestaron en su paso por el mundo, es agua pasada, y, como reza el viejo refrán «no mueve molino».

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