La elegancia y la vulgaridad se demuestran en los momentos difíciles. La vulgaridad es muy llorona. En el mundillo del artisteo español se derraman excesivos litros de lágrimas de cocodrilo. Los tanatorios, cuando muere algún famosillo, se llenan de periodistas y reporteros, y ahí aparecen otros famosillos que al recordar al muerto, aunque lo hayan aborrecido o envidiado durante su vida, lloriquean de falsa consternación.
Había fallecido en accidente de carretera el Teniente General Gutiérrez Mellado. Asistí junto a Antonio Mingote a su funeral, que se celebró en Los Jerónimos de Madrid, todavía libre del espantajo de la ampliación del Museo del Prado, obra conjunta de Moneo y José María Aznar. Cumplido el funeral, descendíamos por las escaleras del templo, en pos de la calle de Felipe IV, cuando un reportero cardíaco acompañado de un colega con cámara nos detuvo. Y le preguntó a Mingote:
-¿Qué le ha parecido la muerte de Gutiérrez Mellado?-.
La respuesta del genio fue concisa, elegante, lógica, contundente y serena:
-Pues me ha parecido muy mal-.
A pocos metros nos seguía una actriz de todas las salsas gimiendo. Y se quedó zollipando con la pareja de reporteros. Apenas conocía al General, pero oímos su inicial respuesta-llanto:
-Estoy desgarrada-.
Y en momento tan triste, a Mingote y a mí.....
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One Reply to “APLOMO ANTRE LA TRAGEDIA”
Dicen que siempre proyectamos en los demás las propias opiniones de uno mismo.
Imbecil, elegante o que lo pretende, pero así es.
Con la edad se mejora o no.
Buenas .