¡Qué cosas tan terribles nos dejaron ver y leer nuestros padres cuando éramos niños! La Cenicienta y Blancanieves. Creo que debo confesarlo públicamente. Jamás me gustaron ni la una ni la otra. En el caso de Cenicienta, por empachosa. Al menos, la madrastra y las hijas feas se comportaban con coherente perversidad. Y nadie nos ha explicado el auténtico parentesco de Cenicienta con las feas. Lo del hada madrina, la carroza de calabaza, los ratones convertidos en caballos, el baile con el príncipe y los zapatos de cristal son majaderías.
La denuncia de la actriz Keira Knigthley, que parece bastante tonta y feminista del sector más repulsivo, obvia lo fundamental y se orienta a que ni el cuento ni la película tienen valores feministas. Por eso ha prohibido que sus hijas vean la película de Disney........
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